Sa Terra

En Son Gual II, Viraje proyecta una vivienda que transforma la esencia silenciosa del campo mallorquín en una arquitectura luminosa, serena y profundamente conectada con el paisaje.
Apenas veinticinco minutos separan Sa Terra del centro de Palma, pero al llegar, el ritmo se apacigua.
El ruido desaparece, el paisaje se torna silencioso y el horizonte recupera protagonismo. En Son Gual II, entre suaves colinas, olivares y vegetación mediterránea, la vivienda emerge con una presencia tranquila, integrada en el entorno desde la contención y la calma. Aquí, la arquitectura no busca imponerse al paisaje, sino formar parte de él.

El valor natural de Son Gual reside precisamente en esa sensación de foravila mallorquina —silenciosa, agrícola y mediterránea— que todavía define el paisaje de la zona.
Los campos de cultivo tradicionales, los algarrobos y viñedos, así como los barrancos de Son Gual y Xorrigo, configuran un entorno de enorme riqueza ecológica y visual. Sa Terra nace desde esa condición territorial: una vivienda concebida para vivir Mallorca desde el silencio, la luz y la relación directa con el exterior.
Proyectada por Viraje y desarrollada en tres niveles, la vivienda se organiza con una claridad espacial que refuerza constantemente la conexión entre interior y exterior.
La planta baja, concebida como el núcleo social de la casa, reúne salón, comedor y cocina en una única secuencia abierta orientada al sur. Los grandes ventanales correderos de suelo a techo eliminan cualquier sensación de límite y permiten que la terraza, la piscina y el jardín formen parte natural de la vida cotidiana.



La arquitectura de Sa Terra encuentra su fuerza precisamente en esa ausencia de artificio.
Todo parece pensado para que la luz mediterránea sea la auténtica protagonista. Los interiores, dominados por tonos arena, texturas minerales y maderas naturales, generan una atmósfera cálida y silenciosa donde el confort aparece desde la naturalidad y no desde el exceso. La cocina, completamente integrada en el espacio principal, participa de esa relación continua entre arquitectura y entorno.

Programa de planta primera.
En contraste con la apertura de las zonas comunes, la vivienda reserva espacios de mayor intimidad para el descanso. La planta superior alberga la suite principal, concebida casi como un refugio privado sobre el paisaje mallorquín. Desde allí, las vistas se abren hacia la Sierra de Tramuntana, reforzando esa sensación de aislamiento sereno que define toda la vivienda.


Uno de los gestos más reconocibles del proyecto es la escalera exterior de trazo curvo que conduce hasta la cubierta transitable.
Más allá de su función, introduce una dimensión casi escultórica dentro de una arquitectura de geometrías limpias y contenidas. Desde la cubierta, la vivienda se transforma en un mirador abierto sobre el paisaje y la bahía de Palma; un lugar pensado para detener el tiempo y contemplar Mallorca desde la distancia y el silencio.

Sa Terra propone una manera de habitar sosegada y consciente. Una arquitectura que entiende el lujo desde la calma, la proporción y la relación con el entorno.
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